Cuba

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Siempre quise viajar a Cuba, pero siempre me detuvo el miedo a quedarme atrapado en la burocracia comunista. Días antes de mi partida hacia la Perla del Caribe, la Jefe de la Oficina Diplomática de Cuba en Bonn de aquel entonces, me dijo humildemente “Cuba ni es el infierno que dicen, ni tampoco el cielo“…Aquella frase me barruntó por la cabeza cada vez que descubría una nueva ciudad en esta isla paradisíaca.

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Volar desde Alemania es muy cómodo porque no hay que depender de escalas intermedias y el viaje, aunque largo, es más placentero. Llegamos a Varadero y a través de mi amigo cubano, Pedro Armando Cárdenas que me recomendó llamar a su familia en Matanzas para que me consiguiera una máquina a buen precio, no tuvimos sorpresa en el aeropuerto y partimos directamente hacia La Habana. La máquina es lo que los cubanos llaman coche de los años 20,30, 40 ó 50 que mantinen en perfecto estado.

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Al llegar a La Habana al Hotel Meliá Cohiba, me esperaba un conocido, amigo de unos amigos míos cubanos en Alemania, que más tarde se convertiría como en un hermano menor para mí. Iván Borroto, que así se llama, es un chico culto, biólogo y trabajador en el Museo de Ciencias Naturales de Cuba y tímido, pero inmediatamente conectamos y a pesar de lo cansado que estaba después de un viaje directo desde Alemania de 11 horas, más la hora en tren de Colonia a Fráncfort del Meno, más las dos horas del aeropuerto de Varadero a La Habana, es decir, 14 horas de viaje ininterrumpido, decidí dejar la maleta y salir a ver La Habana.

La Habana es una de las ciudades más decadentes del mundo, pero a la vez es una de las ciudades más interesantes del mundo. Desde la Plaza de Armas empezamos una visita guiada por Iván y fuí descubriendo una ciudad bien hermosa con casas y palacios por doquier con mucho sabor europeo y mucho más española de lo que me imaginaba. Nunca pensé encontrar tablaos flamencos y restaurante especializados en paellas. Los mercadillos que hay que por doquier, ofrecen maravillas para los que buscan piezas raras. Yo conseguí por muy pocos pesos una edición primera de Los Cachorros de Mario Vargas Llosa que es una joya. Hay que regatear muy mucho y si tienes un o una cuban@ que lo haga por ti, será garantía de éxito.

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Ir a heladerías legendarias como Copelia o al Cementerio de Colón o al Malecón o al Capitolio o a sitios como La Bodeguita de en medio o tomarte un mojito en el Hotel Nacional con una vista maravillosa de la ciudad, es algo inolvidable. O un daiquirí al otro lado de la bahía visitando los fortines españoles de La Habana.

Pero no toda Cuba es La Habana y eso lo demuestran ciudades legendarias como Cienfuegos, Ciego de Ávila, Trinidad o Santa Clara.
Trinidad es un joya arquitectónica Patrimonio de la Humanidad y en donde parece que se ha quedado el tiempo parado en otro siglo. La presencia de la música en Cuba es algo impresionante: adonde quiera que vayas te acompaña el sonido de viejos soneros que cantan por doquier. Jamás había visto esto en ningún país del mundo. Pensaba que lo iba a encontrar en Brasil, pero es sin duda alguna Cuba es país del ritmo y la música.

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Cerca de Trinidad las Playas de Ancón son impolutas y los programas de los animadores en los hoteles de la zona son magníficos. Llama la atención que la gente te pida jabón por la calle por la escasez del mismo.

Pero, para playas las de Varadero o las de Cayo Coco a donde se llega a través de unas carreteras montadas sobre el mar y que impresionan. El más puro Caribe está en estas playas legendarias como la del Pilar en donde Hemingway fondeaba su yate.

Podría escribir largo y tendido de Cuba que es un país al que deseo volver siempre. Tiene todas las cartas para convertirse en un gran destino turístico y ahora con los tiempos nuevos que se acercan con las nuevas relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba, se abren muchas posibilidades y parece que los países europeos y los estadounideneses toman ya posiciones.