¡De luto por un jurado puto!

El tema de los jurados me vuelve a preocupar otra vez porque pensaba yo que los tiempos de los tongos y los tiempos en que muchas agrupaciones del Carnaval chicharrero expresaban sus dudas sobre la equidad y profesionalidad de los miembros del jurado con frases muy sonoras como Estamos de luto por un jurado puto al salir a la calle los días siguientes a los veredictos, habían pasado.

Me sorprende que me lleguen voces de murgas, comparsas y rondallas e incluso de algunos diseñadores diciendo que está corriendo un rumor que dice que ya se sabe la Reina de 2020. Esto suele ocurrir muchos años por WhatsApp y produce precisamente el efecto contrario, es decir, el que se dice que va a ganar, no gana.

Pero, ¿quién elige a los miembros del Jurado de cada concurso?


Las bases de los mismos no ha cambiado mucho, pero ya en 1993 y en 2014 siendo miembro del jurado de la Gala de Elección de la Reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, me encontré con situaciones grotescas como que ya habíamos votado y Ágata Ruiz de la Prada, también miembro del jurado, quería cambiar su voto para que no ganara la que finalmente había ganado porque si ella le daba menos puntos a la reina in péctore, ganaba la que en esos momentos quedaba primera dama.

Yo en aquella ocasión tenía voz, pero no voto porque los diseñadores querían que los representara uno de ellos y que al mismo tiempo, alguien que tuviera una cierta ascendencia como periodista sobre el resto del jurado. Pero pongámosle nombres a las candidatas a Reina para que el lector se dé cuenta de hasta qué punto son manipulables los miembros del jurado.

La reina del Carnaval 1993 se dirimía entre el delicado traje de Marco&María (que en aquella época se hacían llamar Marcos Marrero y María Díaz. Todavía no tenían nombre de chocolates como M&M’s) que se titulaba ¡Pim, pam, pum…fuego! y que era como un fuego artificial en el momento de su explosión y que Carlota Bibiana Sosa Borges lucía casi desnuda a la perfección y el traje más grande de la Historia del Carnaval y que era una maravillosa fantasía de Carlos Nieves que llevaba el insulso nombre de Pachá entra en mis sueños y que, por supuesto, representaba a la Discoteca Pachá. Ésta última fue una sorpresa porque entre bambalinas nadie daba un duro por ella, pero cuando salió al escenario, aquello que habíamos visto, se llenó de aire y color y es que era inflable y produjo un efecto magnífico entre el público y el jurado.

Y aquí precisamente vino el problema porque todos se preguntaban quién debería de ser la reina del Carnaval y el sistema no nos permitía discutir sobre ello


Había que votar in situ y luego se contabilizaban los votos y se daba el veredicto más tarde. A mí me preguntaron que quién debería de ganar y yo tuve que dar una respuesta salomónica porque no podíamos debatir sobre ello que habría sido lo más normal y beneficioso para todos. Pedro del Hierro (desgraciadamente ya fallecido), que también estaba en el jurado, no sabía que hacer y me pedía consejo. Yo le decía que debía leerse las bases y ceñirse a lo que decían las mismas. Era elegir entre un traje delicado y muy trabajado y la que a la postre iba a ser la primera reina de Marcos & María o algo del siglo XXI y muy innovador como lo de Carlos Nieves, que recordemos que participaba por primera vez. Los pocos que pudimos hablar entre nosotros en petit comité comentamos que sería un peligroso precedente elegir en 1993 a una reina del s. XXI.   El debate no fue posible porque lo cortaron por lo sano.

En 2014, viví una situación parecida. Esta vez fui miembro del jurado con voz y voto y no representaba a nadie, sino a mí mismo como especialista en el tema. Todo fue sobre ruedas hasta que nos retiramos a deliberar y casualmente ese año la reina del Carnaval 2014 estaba entre dos trajes. Por un lado, un traje con un tocado maravilloso de Santi Castro, pero que el resto del traje no era tan majestuoso, y un traje innovador en los colores de Daniel Pages con el sugestivo nombre de Poderosa Amazona que desde que piso el escenario, Amanda Perdomo Sanjuán, la candidata que lo defendía, se supo que era la reina porque el traje era pluscuamperfecto (que literalmente significa más que perfecto, es decir, más que acabado) y eso es lo que hace la conjunción perfecta en el escenario: cuando el traje lo mires por donde lo mires y como lo mueve la candidata es más que perfecto en su acabado.

María Mía, la diseñadora grancanaria que se encontraba a mi lado y Cris Olmo, asintieron conmigo que era la reina. Cuando nos reunimos a deliberar y votamos en voz alta, estaba claro que ganaba de calle esta candidata. Pero al pasar los datos al ordenador del notario, se dio una curiosa paradoja: no ganaba este traje, sino el de Santi Castro. Preguntamos cómo era posible eso y nos dijeron que así se habían sumado los puntos. Por una extraña causa, algunos habían cambiado el voto delante del ordenador del notario o este los había anotado de forma diferente a cómo habíamos dicho en voz alta. María Mía decidió cambiar su voto y decir que estaba equivocada al votar a dos de las candidatas de Daniel Pages y como esto era muy verosímil, salvamos en el último momento un posible tongo. Cuidado no es que la candidata de Santi Castro no se lo mereciera, es que habíamos votado en voz alta y salía por amplia mayoría la candidata de Daniel Pages.

Entonces, empezó una discusión sobre cómo podía pasar esto y la secretaria del jurado intentó cortar por lo sano diciendo que no se podía debatir ni influir en el voto del resto del jurado. Cris Olmo dijo que el jurado era soberano para decidir lo que quisiera y vimos como alguien abandonaba la sala y seguía hablando por el móvil, cosa que estaba prohibida. Este famoso futbolista, Vitolo, dijo que no le interesaba quién ganaba o no ganaba, que él no era especialista. Luego, recuerdo tuvo un incidente en el escenario con alguien y no recuerdo muy bien el porqué. Mi respuesta fue que debería de ser respetuoso con el puesto para el que había sido elegido.

Se dio también la paradoja que una actriz (Silvia de Esteban) que estaba también en el jurado, cogió el teléfono y oímos cómo llamaba a Santi Castro para decirle «no pude hacer nada, amigo, para que ganara la tuya«. No acuso aquí a Santi Castro de nada, que me parece un maravilloso artista, sino me llama la atención que se dieran estas conversaciones tan elocuentes en medio de una elección tan importante. Afortunadamente, el acta del jurado se publicó inmediatamente para evitar posibles controversias, pero tengo la impresión de que desde entonces no le caigo muy bien a Santi Castro y no sé la causa exacta de ello.  

Ese mismo año viví algo similar en el concurso de Murgas infantiles en el que se me pidió que no influyera en el resto del jurado. Había un empate y yo propuse que se premiaran a las dos murgas porque premiábamos así la ilusión de dos infantiles. Para qué fue aquello, tuve una discusión con el representante del Ayuntamiento y secretario del jurado en el que me prohibió levantarme de mi asiento para hablar con el resto de componentes.

Para acabar con todos estos sistemas opacos de votos y jurado manipulables, creo que primeramente debería de ser el secretario o secretaria del jurado, un representante neutral y elegido por los diferentes grupos concursantes de los diseñadores en el caso de la reina, de las murgas, comparsas, rondallas y demás agrupaciones en sus respectivos concursos. Luego, creo que el notario debería de cambiar cada año para impedir posibles maniobras y, además de que haya un representante como secretario, tendría que haber, por ejemplo en el concurso de reinas, una reina en el jurado y no la Reina del año anterior para que no digan que intenta influir para que gane su diseñador, sino una Reina de hace 10, 20 ó 25 años y así es una manera de homenajearlas otra vez. Creo que la primera debería de ser Mónica Raquel Estévez Martín, la inolvidable reina del Carnaval de 1987 con su mítico traje Tajaraste de Leo Martínez. Ya ella lleva luchando por ello mucho tiempo.

Además de modistas o artistas plásticos de reconocida trayectoria, también debe de haber especialistas en música y danza en los concursos de murgas, rondallas, comparsas y agrupaciones como pueden ser cantantes o bailarines o coreógrafos en ejercicio o retirados. Es mucho muy difícil manipular a un jurado profesional. Lo que sí es posible es que se asesore a estos miembros del jurado para que no se premie siempre lo mismo y ¿cómo se consigue esto? Pues primeramente alguno de esos miembros que venga de fuera, tendrá que repetir para poder tener experiencia de varios años. No necesariamente debe de repetir al año siguiente, pero sí en un par de años para poder apreciar la trayectoria y evolución de todo y de todos en el Carnaval chicharrero.

Sería interesante traer a especialistas de otros carnavales y gente que haya vivido un carnaval ya, así como a gente premiada en sus especialidades como se hacía anteriormente con ejemplos como Yvonne Blake, británicas, afincada en España, ganadora de varios Oscars de Hollywood y Goyas de vestuario y recientemente fallecida. Javier Artiñano es un reconocido diseñador de vestuario y ganador de varios Goyas que nunca ha sido invitado. Hay un ganador de un Goya por mejor peluquería y maquillaje que nunca ha sido invitado a ser jurado y es chicharrero, Paco Rodríguez, nos vendría muy bien. O la francesa, Sylvie Imbert, afincada en España y ganadora de varios Goya al mejor Maquillaje y con la que coincido en muchos festivales de cine como jurado.

Bueno, el abanico es inmenso y la combinación perfecta es gente de nuestra tierra especializada en en cada uno de los concursos más gente de fuera de renombre y que no se van a coger las manos en un posible tongo. He dado tres ejemplos, pero podría dar muchos más. Por ejemplo: todos los artistas que trabajaron en El laberinto del faunohan ganado premios internacionales y son españoles. O alguien tan internacional como el diseñador palmero, Manolo Blahnik, que  a sus 77 años, es aún famoso mundialmente por sus maravillosas creaciones de zapatos. Sus manolos son codiciados por cualquier mujer del mundo y se venden a precios astronómicos en su tienda de Londres. Y, además, tiene un Doctorado Honoris Causa por la ULL.

El caso es que en todos nuestro concursos debe de haber transparencia y publicarse las actas del Jurado sino miedo alguno porque no debe de haber ni trampa ni cartón en la ilusión y el trabajo con la que se presentan los diseñadores y las candidatas a Reina adulta, infantil o Mayor o la entrega y el trabajo que hay detrás de cada uno de los componentes de murgas, comparsas, rondallas o agrupaciones o disfraces en grupo o individuales. Y que no se oiga más lo de De luto por un jurado puto.

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